Fracturas
Miraba la espuma de las olas que chocaban contra las rocas de la costa. La sustancia blanca, como leche, le recordaba que después iría por un café. El mar, álgido y violento, se azotaba a sí mismo, elevándose hacia los cielos para terminar suavemente en la orilla, tiñendo de negro la arena. Una neblina cubría las casas aledañas; sus manos y su cara se humedecían con la brisa que emanaba del cielo. Esa mañana, no tan temprano, se sentó sobre la cama con el cuerpo pesado, dolor en el cuello y el pelo grasoso; no se lo lavaba desde hacía un par de días. En el último tiempo, su cara había brotado de granos; le dolía lavar su rostro, pero tenía que hacerlo por orden del dermatólogo. Siempre vivió con ese tipo de problemas acnéicos que la afeaban. Pensaba, con un poco de pena, que sería otro día más y probablemente tendría que realizar las compras con esa cara enferma. Su marido trabajaba desde su oficina. Con el café en mano, se reía en medio de una reunión por Zoom junto a otros compañeros...