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Mostrando las entradas de julio, 2025

Todo lo que me dolía era mío

Crucé Toesca a toda velocidad, deseando ser estrellada por los ángeles. No miré hacia los costados. El sudor me corría por la espalda mientras pedaleaba. En la mochila llevaba objetos de utilería, ropa interior y el maldito test.  Golpeé la puerta de lata, toqué varias veces. Me abrió Juan. Estaba fumando marihuana y pasando la escoba. Preparaba el estudio. Me abalancé sobre él y lo abracé con fuerza, a la altura de su cadera. Olía a sobaco. Mis manos y piernas temblaban.  Fui directo al baño a secarme el sudor. Me miré al espejo: estaba hecha un Cristo. No recordaba la última vez que dormí bien. Hacía dos meses me habían diagnosticado trastorno límite de la personalidad. Dormir seis horas era sagrado; si no, venían los temidos episodios psicóticos. Pese a que no quise medicarme, tomaba dos pastillas de quetiapina por las noches, recetadas por el psiquiatra del GES. No hacían efecto. Así que esa semana empezaba a sentir las trampas mentales del mal dormir. Mi corazón aún latía ráp...

La luchadora

  Camila siempre me llamó la atención. Desde que estudiamos juntas en el instituto, hasta después de que se retiró de la carrera, yo seguía mirando sus publicaciones en Facebook de manera ocasional. La encontraba una mujer espectacular: demasiado alta para el promedio, se vestía bien, era como una muñeca Bratz. Además, por las cosas que compartía, tenía buen gusto: le gustaban las películas de terror, el cine clásico y la música oscura. Siempre sentí que era una mujer mujer, y solo teníamos veinte años en esa época. Estuvo presente el día en que me titulé. Hicimos una fiesta junto a unos compañeros y ahí estaba ella; alguien la había invitado. No me atreví a hablarle en ningún momento de la noche. En esa época me volvía loca bebiendo: terminaba dando más pena que ganas de conversar conmigo. Descubrí que realmente estaba obsesionada con ella, con su manera de hablar y de gesticular, todo lo hacía con gracia. Nunca más supe de su existencia; creo que cambió de perfil. Pasaron...

En la punta de la lengua

(este texto fue escrito el verano del 2024, reeditado el 15 de Septiembre del 2025) Quedamos de juntarnos en la estación de metro Cementerios. Recorría por primera vez los patios del Cementerio Católico, en lo que también fue la primera salida oficial que compartimos con Bruno. Generalmente, nos juntábamos a beber cerveza y a fumar, o nos encontrábamos en eventos de arte donde también bebíamos y repetíamos lo de siempre. La propuesta de cementerios la hizo él; para mí estaba bien. Sinceramente, ya me había cansado de invitarlo a lugares: no volvería a perder mi dignidad en otra salida fallida. Le acepté más que nada por orgullo, aburrimiento y calentura. Ese día decidí ponerme un vestido negro con hombros descubiertos, unos bototos color púrpura y unas argollas gruesas. Sabía que sería una visita a un sitio lúgubre y, a pesar de que no siempre me apego a las reglas y a los códigos de vestimenta, vestir de negro en un cementerio era una de esas normas que respeto. Pero al ser una cita, ...
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Las cosas por limpiar

La primera vez que oí ese título, me recordó la cantidad de veces que debí ofrecer un servicio. Limpiar no es simplemente pasar un trapo sobre una mesa llena de grasa; también es ayudar a otros a sacarse la mugre de encima, pero esa mugre, al final, termina impregnándose en mí. En mi caso, siempre vi el trabajo como una escalera vertical en la que he estado mayormente en el primer peldaño, de abajo hacia arriba. Desde mi paso por el área audiovisual, el trabajo social hasta las artes visuales, en todos he tenido algo que limpiar. Me llamó Carmen y no pude contestar porque estaba sacando la grasa de los quemadores de la cocina. Ella llamó dos veces, pero no oí. Finalicé pasando la espátula por un rincón que jamás ha visto la luz. Luego, vi las llamadas perdidas, marqué de vuelta, pero no tenía dinero para llamar; no puedo pagar el plan. Busqué su número porque, hasta ese entonces, no sabía quién era Carmen. Lo agregué y le hablé por WhatsApp: —Hola, buenas tardes. Tengo una llamada p...