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Mostrando las entradas de octubre, 2025

Bajón en Escorpio

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(Este relato está en desarrollo, lo comparto, porque soy ansiosa). ******************************************************************************** Esa noche, un amigo de Federico llevaba cocaína. A pesar de que yo nunca la había probado, observaba a los chicos —y a Fede— llenos de euforia por una línea, ansiosos por diversión y una madrugada desenfrenada. En esos años me dedicaba a mis estudios y trabajaba en una productora mediocre. Mi jefe era un marihuanero amistoso que, con el tiempo, se volvió un pesado y usurero. Yo editaba videos corporativos para una marca de gas; una ocupación que apenas compensaba económicamente y en la que pagaban cuando querían. Fue durante mi segundo año en la universidad cuando comencé a salir con Federico: ingeniero de profesión, músico punk por pasión y futbolista de las pichangas dominicales. A pesar de sus ingresos sólidos, aún vivía con sus padres. Esta situación podría haber sido un inconveniente para algunos; en mi caso, su familia se portaba ex...

Apuntes sobre mi cumpleaños

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  “Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que ahora no importan, de alguna manera debía de estar sintiendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací por nacer.” Aprendiendo a vivir, Clarice Lispector. Soy de las que traen angustias el día de su cumpleaños, y creo que eso nació cuando me rompieron el corazón a los ocho años. Mis padres me pidieron celebrar en el club de campo Las Vizcachas —primero, porque era gratis por el trabajo de mi papá; segundo, porque era muy espacioso, con juegos, quinchos y paseos en moto; y tercero, porque así no tendrían que ir a mi pequeña casa con sus manos grasientas a romperlo todo—. Solo podía invitar a veinticinco niños de los treinta y cinco que éramos en mi curso. Sin consultarle antes a mis padres, decidí invitar a todos. No soportaba la idea de que la niña más callada del curso no fuera invitada a este gran evento. Evidentemente, me llegó un reto, alteré el orden cósmico del bolsillo de mis padres, no l...

Domingos, abierto

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 El viernes por la tarde fui a verlo. Hicimos el amor, se duchó, se perfumó y se afeitó. En toda la semana no se había afeitado, en toda la semana no se había perfumado. Escuchaba reguetón mientras se duchaba.  Dije que antes habíamos hecho el amor. Al menos para mí fue así. Me vestí, miré lo que quedaba de esmalte en mis uñas, me mordí una, casi no me quedaban uñas, pensé. Cuántas veces he venido a esta casa, a esta cama. Nuestro acuerdo no verbalizado, al parecer, era estar encerrados. Soy de uso completo mientras él trabaja, descansa, follamos. Después del sexo, sentí que se me fue todo de un suspiro y no le dije. Me miró a los ojos. Te pasa algo más, me dijo. Se me fue la energía, que a veces siento un vacío, le contesté. Comparó mi vacío con el vacío de los domingos. Sí, le dije yo. La verdad, estoy empezando a hartarme del secreto, del acuerdo de amistad con algo más. Así me siento cuando me pagan ochenta mil la hora. La diversión para otro, en cuatro paredes. Me arreglo...