(este texto fue escrito el verano del 2024, reeditado el 15 de Septiembre del 2025) Quedamos de juntarnos en la estación de metro Cementerios. Recorría por primera vez los patios del Cementerio Católico, en lo que también fue la primera salida oficial que compartimos con Bruno. Generalmente, nos juntábamos a beber cerveza y a fumar, o nos encontrábamos en eventos de arte donde también bebíamos y repetíamos lo de siempre. La propuesta de cementerios la hizo él; para mí estaba bien. Sinceramente, ya me había cansado de invitarlo a lugares: no volvería a perder mi dignidad en otra salida fallida. Le acepté más que nada por orgullo, aburrimiento y calentura. Ese día decidí ponerme un vestido negro con hombros descubiertos, unos bototos color púrpura y unas argollas gruesas. Sabía que sería una visita a un sitio lúgubre y, a pesar de que no siempre me apego a las reglas y a los códigos de vestimenta, vestir de negro en un cementerio era una de esas normas que respeto. Pero al ser una cita, ...
🥰💫
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