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Apunte sobre algo que no se terminará nunca

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  Esty Quesada, en un episodio de su podcast Club de Fans de Shrek , dice algo así como: “No me merece la pena vivir y nunca me va a merecer la pena. Siempre voy a llevar esta tristeza conmigo, pase lo que pase, y con los años irá a peor; lo noto, los años me lo han demostrado.” Lo dice con humor sarcástico, hablando de su depresión y de cómo convive con ella. Y me hace pensar en mí misma, abrazada a un oso de peluche a mis treinta y pico —en realidad no es un oso, es una almohada esponjosa y suave con aroma a suavizante—. La vida se pasa así: cuando creíamos que todo sería una etapa, porque aún no habíamos vivido lo suficiente como para contar historias o quemar puentes, te pega un golpe en la cara. Y ese sentimiento muta en algo más sólido, más pesado, algo de lo que no todo el mundo habla —o de lo que solo se ríe—. ¿Acaso nos queda únicamente reírnos de la inmensidad de emociones que creíamos que terminarían en la adolescencia? Cito a La Pringada: pregunto. Habrá quienes se ocup...

Apunte sobre cuando el deseo reaparece

No esperaba que llegara el día de mi resurrección orgásmica. Los medicamentos desaceleran su proceso y cualquier maniobra se siente insípida y tan vacía como un supermercado a las doce de la noche. Meses de mal y aburrido sexo, autoplacer guiado hacia el espejo de mi techo, tratando de descubrir nuevas formas que alegraran mi humor. Todo fallaba y mi humor empeoraba; con ello cargaba la culpa y depresión de un cuerpo sin deseo, pero saturado de placer. No lo reniego, todo lo contrario: es el mecanismo de defensa más sano con el que convivo. No por eso soy una fornicadora casual; soy, precisamente, todo lo contrario.  Me abstengo de un beso no indicado y de un mal compañero que, a simple vista, sé que no sabrá guiarme al éxito clitorial. La abstinencia me ha parecido la herramienta más útil para no liarme con gente idiota de la que prontamente deberé sacar de mi vida. No acepto citas a ciegas ni a cualquiera; y si las acepto, con recelo, no pondré mi coño sobre cualquiera que no me ...

Fracturas

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Miraba la espuma de las olas que chocaban contra las rocas de la costa. La sustancia blanca, como leche, le recordaba que después iría por un café. El mar, álgido y violento, se azotaba a sí mismo, elevándose hacia los cielos para terminar suavemente en la orilla, tiñendo de negro la arena. Una neblina cubría las casas aledañas; sus manos y su cara se humedecían con la brisa que emanaba del cielo. Esa mañana, no tan temprano, se sentó sobre la cama con el cuerpo pesado, dolor en el cuello y el pelo grasoso; no se lo lavaba desde hacía un par de días. En el último tiempo, su cara había brotado de granos; le dolía lavar su rostro, pero tenía que hacerlo por orden del dermatólogo. Siempre vivió con ese tipo de problemas acnéicos que la afeaban. Pensaba, con un poco de pena, que sería otro día más y probablemente tendría que realizar las compras con esa cara enferma. Su marido trabajaba desde su oficina. Con el café en mano, se reía en medio de una reunión por Zoom junto a otros compañeros...

Apunte sobre la experiencia religiosa

"Los tíos no pueden ver femcel movies ", lo dijo SUP. Yo agregaría a Fiona Apple, entre otras. Literal no entienden lo que es caminar por la calle después de una discusión y, producto de la rabia, meterte a la iglesia de San Francisco para sentir algo más grande que tu propia ira. Pero está cerrada —como nunca. Te quejas y caminas al cine ese que queda al lado del Nacional. Justo ves que están pasando una película: es Anora , y sientes rabia. No tienes idea qué verás, pero necesitas canalizarla en otra cosa. Y pasan Anora , y la protagonista siente tanta rabia también. Ella igual estuvo con un tarado que solo se miró el ombligo. Sales llorando; sales antes que todos porque no quieres que te vean llorando. Es patético, porque quieres gritar. Vuelves a casa, y él estuvo jugando Play por cuatro horas. Y tú te cagas de la risa porque realmente tuviste una experiencia religiosa.

Apunte sobre la ansiedad I

  Recurrentemente pienso que alguna parte de mi cuerpo presentará fallas irreversibles por culpa de mis tics nerviosos. Desde hace dos años muevo la muñeca sin parar; hoy me cruje. Estiro los dedos; hoy me duelen. No puedo hacer nada. La mano terminará por caerse. Cuando voy al médico, ellos no entienden la gravedad y me dicen que estoy muy nerviosa, que me tranquilice un poco. Me recomiendan hacer yoga y tomar medicamentos. El dolor sigue igual, y mi mamá diría que soy un atado de nervios. Eso me pone más nerviosa.

Querida persona que lee:

  Estoy recibiendo aportes para continuar escribiendo y realizando entrevistas en mi canal de diabladas. Para esto tengo dos opciones: puedes aportarme en esta página que recibe pagos internacionales https://buymeacoffee.com/norbertaespina o también puedes aportarme directamente a mi cuenta (te la envío por mensaje).  Esta cuenta y la de youtube, hasta el momento, ha sido creada bajo autogestión = tiempo, por lo tanto, agradezco de antemano cualquier aporte. En mi cuenta de Buymeacoffe encontrarás relatos exclusivos y material audiovisual que no estaré publicando acá. Un abrazo grande. <3

Casa no es hogar

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Todos los domingos Andrea iba a casa de sus abuelos. María, su madre, exigía a sus hijos que fueran agradecidos con Dios porque los viejos aún estaban vivos; además, consideraba indispensable cumplir el ritual semanal de visitarlos. Nadie podía salirse con la suya ni hacer otro plan. Si alguien lo hacía, debía cancelar de inmediato y pedir disculpas. Apenas se subía al auto, Andrea sentía un miedo inconmensurable. Era la única que no podía zafar de aquellas situaciones: su hermano y su padre a veces tenían excusas realmente convincentes para faltar —el primero estudiaba y el segundo trabajaba—, pero Andrea tenía diez años y no había forma de librarse. El camino duraba treinta minutos, y en ese lapso intentaba mentalizarse, cerrar los ojos y evitar pensar en su malestar emocional. De todos modos terminaba irritándose. Sus padres se gritaban por banalidades que no iban al caso, como había sido siempre la relación de ambos. Cuando bajaba del auto para saludar a sus abuelos y a su tío, la ...