Apunte sobre la indecencia

 

Te pedí un regalo; de seguro te olvidarás.

Yo no lo olvidé ese día en el museo de la Revolución. Ya no hablábamos —nunca hablamos tanto—, pero no me olvidé de llevarte una chuchería que podría gustarte.

Incluso cuando intento pensar en mí, apareces, inoportuno.

Te habré visto dos veces, tal vez tres. A mi amiga no le caía muy bien la idea de que me gustaras tanto.

¿Acaso te acuerdas cuando yo, con culpa, te incité a engañar a tu mujer frente a todos tus amigos? Me sentí una tonta por eso, pero también por quererte.

Cuando nos presentaron, pensé en lo bien que encajaríamos cruzados: yo encima de ti, pero también dentro.

No puedo extrañar nada, porque nada hubo nunca.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

En la punta de la lengua

Todo lo que me dolía era mío

Bajón en Escorpio