Apunte sobre la inutilidad del talento
Me regalaron un teclado y me di cuenta de inmediato de que no tenía oído.
Después, unos óleos; tardé quince años en entender algo de técnica.
Escribí mis primeros poemas a los doce años: cosas sobre animales, la guerra y el paso del tiempo. Ya me preocupaba el tiempo a los doce, y eran malos escritos.
No soy tan buena en nada, y asumirlo enfurece a mis amigxs.
Lo que pasa es que nunca tuve vergüenza. Nací entendiendo que somos poco, que a mí no me importa lo que hagas tú, y que, al ser una niña triste, podía hacer cosas con mis manos y mi cabeza: lo único que siempre estuvo a mi alcance, para reírme un poco.
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