Prohibido llorar por lo intolerable
Se me envenenó el alma cuando escuché las tres palabras que dictaminaron mi mal humor. Una sentencia que me dejó petrificada frente al espejo, tal como Alex Bueno canta en Ese hombre:
Porque ese hombre soy yo,
tengo el alma y el cuerpo destrozado,
caí en la trampa de haberme enamorado,
me está matando el desamor.
Es menos meloso.
Ante el rechazo y la preocupación casi envolvente de no ser vista o correspondida, me cito a mí misma a partir de un relato a medio terminar: “De un sopetón frené tan brusco; mis rodillas golpearon el mentón, mi frente impactó contra el retrovisor”.
En mis veinte no me acomplejaba, pero me postergué. Hoy en mi fatalismo, estoy perdiendo algo. Es la crisis por la que debe transitar la treintañera: ahí parte.
Ya no soy deseada ni vista de la manera en que lo fui ayer. Hay un grado de valentía en hablar ciertas cosas, un tabú expuesto en la honestidad. O será que aún sigo siendo joven y yo no me doy cuenta.
Acabó la luna de miel. Pero ese chico que tanto me gustaba dijo tres palabras que sentenciaron mi mal humor.
Prohibido llorar por el bícep de un hombre fuerte por fuera y débil por dentro; de mente frágil, incongruente, voluble y vanidoso. Aunque todas lo sabemos hay un mundo ahí, más grande e importante que un pelafustán que no entiende de boleros, ni de salsas, ni de baladas.
En honor a lo breve, es lo intolerable: no ser vista.
Y en esta falla del sistema, esas tres palabras dictaminaron mi mal humor: “esto no evolucionará”. No quería que evolucionara; solo quería dormir sobre un bícep acolchado y que me desearan con fervor en ese rato, en esas horas. No para siempre, no como promesa.
Pero fue dicho.
Y, al ser dicho, dejó de existir.
"En honor a lo breve, es lo intolerable: no ser vista." pal pico que es necesario existir en los ojos el otro
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