Entradas

Bajón en Escorpio

Imagen
(Este relato está en desarrollo, lo comparto, porque soy ansiosa). ******************************************************************************** Esa noche, un amigo de Federico llevaba cocaína. A pesar de que yo nunca la había probado, observaba a los chicos —y a Fede— llenos de euforia por una línea, ansiosos por diversión y una madrugada desenfrenada. En esos años me dedicaba a mis estudios y trabajaba en una productora mediocre. Mi jefe era un marihuanero amistoso que, con el tiempo, se volvió un pesado y usurero. Yo editaba videos corporativos para una marca de gas; una ocupación que apenas compensaba económicamente y en la que pagaban cuando querían. Fue durante mi segundo año en la universidad cuando comencé a salir con Federico: ingeniero de profesión, músico punk por pasión y futbolista de las pichangas dominicales. A pesar de sus ingresos sólidos, aún vivía con sus padres. Esta situación podría haber sido un inconveniente para algunos; en mi caso, su familia se portaba ex...

Apuntes sobre mi cumpleaños

Imagen
  “Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que ahora no importan, de alguna manera debía de estar sintiendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací por nacer.” Aprendiendo a vivir, Clarice Lispector. Soy de las que traen angustias el día de su cumpleaños, y creo que eso nació cuando me rompieron el corazón a los ocho años. Mis padres me pidieron celebrar en el club de campo Las Vizcachas —primero, porque era gratis por el trabajo de mi papá; segundo, porque era muy espacioso, con juegos, quinchos y paseos en moto; y tercero, porque así no tendrían que ir a mi pequeña casa con sus manos grasientas a romperlo todo—. Solo podía invitar a veinticinco niños de los treinta y cinco que éramos en mi curso. Sin consultarle antes a mis padres, decidí invitar a todos. No soportaba la idea de que la niña más callada del curso no fuera invitada a este gran evento. Evidentemente, me llegó un reto, alteré el orden cósmico del bolsillo de mis padres, no l...

Domingos, abierto

Imagen
 El viernes por la tarde fui a verlo. Hicimos el amor, se duchó, se perfumó y se afeitó. En toda la semana no se había afeitado, en toda la semana no se había perfumado. Escuchaba reguetón mientras se duchaba.  Dije que antes habíamos hecho el amor. Al menos para mí fue así. Me vestí, miré lo que quedaba de esmalte en mis uñas, me mordí una, casi no me quedaban uñas, pensé. Cuántas veces he venido a esta casa, a esta cama. Nuestro acuerdo no verbalizado, al parecer, era estar encerrados. Soy de uso completo mientras él trabaja, descansa, follamos. Después del sexo, sentí que se me fue todo de un suspiro y no le dije. Me miró a los ojos. Te pasa algo más, me dijo. Se me fue la energía, que a veces siento un vacío, le contesté. Comparó mi vacío con el vacío de los domingos. Sí, le dije yo. La verdad, estoy empezando a hartarme del secreto, del acuerdo de amistad con algo más. Así me siento cuando me pagan ochenta mil la hora. La diversión para otro, en cuatro paredes. Me arreglo...

A Palé: Apuntes personales sobre el arte de la pelea

Imagen
  Buscando antiguos recuerdos en casa, encontré el billete dorado: entre los casetes de vídeos noventeros que realizaba mi papá con una antigua cámara Sony, descubrí tesoros. La caja contenía un par de VHS con capítulos de Los Titanes del Ring , un clásico programa chileno de lucha libre que estuvo al aire entre 1971 y 1982 —con pausas intermedias producto de la censura que deja una dictadura; para las fuerzas militares, el show deportivo circense era demasiado violento y, peor aún, era de gran gusto para el anterior presidente Salvador Allende—. En el programa, personajes muy cómicos realizaban increíbles piruetas inspiradas en la lucha libre mexicana; la lucha era real, y también el fervor del público. Se transmitía cada domingo al mediodía por televisión, y así decenas de familias chilenas disfrutaban de humor, deporte y drama. Si bien recuerdo poco del show, destaco su tremenda escenografía barroca, inspirada en pilares europeos; sospecho que eran columnas dóricas. La mezcolanz...

Entre Annie Ernaux, Nola Rice y Lana del Rey: la mujer que espera

Imagen
  (En el siguiente ensayo encontrarás spoilers de la película Match Point , no nos cae bien Woody Allen, pero nos interesa el personaje de Nola Rice) Nunca sabré cuántas veces he sido the other woman , aquella figura que Jessie Mae Robinson escribió y que interpretaron Nina Simone, Lana del Rey y Jeff Buckley. Sí recuerdo, en cambio, haber habitado la piel de Annie Ernaux en Pura pasión .Y confieso que Nola Rice, la actriz fallida de Match Point , es una de mis pesadillas, porque encarna lo peligroso que puede comprometer una aventura. Una vez, una amiga me dijo que los hombres, para nosotras, son como el opio: crean una adicción que se disfraza de necesidad, el deseo obsesivo —una enseñanza que recibimos desde pequeñas—. En este ensayo me refiero a los hombres porque, hasta el momento, no he tenido romances punzantes con mujeres; estoy en deuda con esos placeres. Hay un problema con el deseo obsesivo —son varios, en realidad—: principalmente, el peligro de saltar al vacío aun sab...

Transitando el declive

  Llevaba días sin dormir. Trataba de hacer tantas cosas durante el día para que no me diera tiempo de pensar. Algunas noches, unos pequeños diablos bailarines y burlones me susurraban barbaridades. No podía dormir y, cuando lograba hacerlo, algo se sentaba sobre mi pecho; un ruido ensordecedor golpeaba mis oídos y me despertaba. Cada noche temía enfrentarme a las pesadillas. Aparentemente, nadie más lo notaba, nadie veía mi sucesivo deterioro, ni siquiera Máximo, mi roomie , con quien en algún momento fuimos muy amigos, pero hoy por hoy nos separaban diferencias. Se acercó a mi puerta: —Mañana viene un amigo a quedarse, de Rancagua; nos conocemos de muy chicos y estoy seguro de que te caerá súper bien, es hetero de esos que a ti te gustan. —Ya —dije con indiferencia—. Me imagino que va a dormir contigo, así que ningún problema. La casa era muy chica para ser tres. A la tarde siguiente, compramos dos botellones de vino, un par de cosas para comer y Máx estaba guardando hong...

Todo lo que me dolía era mío

Crucé Toesca a toda velocidad, deseando ser estrellada por los ángeles. No miré hacia los costados. El sudor me corría por la espalda mientras pedaleaba. En la mochila llevaba objetos de utilería, ropa interior y el maldito test.  Golpeé la puerta de lata, toqué varias veces. Me abrió Juan. Estaba fumando marihuana y pasando la escoba. Preparaba el estudio. Me abalancé sobre él y lo abracé con fuerza, a la altura de su cadera. Olía a sobaco. Mis manos y piernas temblaban.  Fui directo al baño a secarme el sudor. Me miré al espejo: estaba hecha un Cristo. No recordaba la última vez que dormí bien. Hacía dos meses me habían diagnosticado trastorno límite de la personalidad. Dormir seis horas era sagrado; si no, venían los temidos episodios psicóticos. Pese a que no quise medicarme, tomaba dos pastillas de quetiapina por las noches, recetadas por el psiquiatra del GES. No hacían efecto. Así que esa semana empezaba a sentir las trampas mentales del mal dormir. Mi corazón aún latía ráp...